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Vuela con Aeroméxico a Río de Janeiro

 

El día comienza en las hermosas playas de Río, en las que se percibe el ardor de sentirse en casa y decir, como alguna vez lo hizo Arlindo Cruz, Meu lugar, un dulce lugar, eterno en mi corazón que a los poetas trae inspiración para cantar y escribir.

Rodeado por la espectacular naturaleza que vive en Río (ante lo cual hay que felicitar a los urbanistas que crearon esta gigantesca urbe en medio de lagunas, riveras e infinidad de árboles), la mañana se inscribe en nuestra memoria con un café en la arena, mientras el sol ilumina a través del Fuerte de Copacabana, que divide a las playas del mismo nombre e Ipanema.

 

 

Si se escoge pasar un día entero en la playa (lo cual es una extraordinaria opción) y mientras las horas recorren su camino y el café se intercambia por caipiriñas, Ipanema es muy apacible y menos bulliciosa que Copacabana, al igual que Arpoador y Sao Conrado. Si, por el contario, relajarse en la playa es cuestión de un par de horas, se puede caminar a lo largo de ésta hasta llegar al extremo norte, en donde se ubica el barrio de Leme. (Un consejo: camina al compás del sol para que ambos lleguen al Pan de Azúcar justo al atardecer).

Tras la visita a uno de los puntos más altos de Río, ¿por qué no disfrutar de una comida bien merecida? Las churrasquerías abundan (las cuales pueden clamar derecho de originalidad) y para complementar aquella deliciosa carne, se puede buscar postres y dulces típicos como quimdim (un delicioso dulce de coco) y brigadeiro (hecho a base de chocolate).

Los días en Río semejan la eterna lucha del sol por permanecer cerca de la costa, pues a la mañana siguiente vuelve con más brillo y dicta el camino que lleva al Cristo Redentor de Corcovado. Con sus brazos abiertos, así como te reciben en esta ciudad, una vista panorámica de Río te estará esperando aunque, si bien es cierto que aquello que se expande ante tu mirada es maravilloso, existe otro lugar donde encontrar una bella y quizá más espectacular postal de la ciudad. Ésta la encontrarás, no lo dudes, en Mirante Dona Marta, con la cual la popularidad ha sido muy injusta.

 

 

Por supuesto, los barrios que recorren las lagunas y los bosques (el de Tijuca es especialmente hermoso) esconden un ambiente diferente aunque conviven pegados unos a otros, pero de ellos siempre sobresale esa especie de samba que vive en los cariocas que en Río tienen su hogar. Entre ellos, varios se encuentran en la parte sur de la ciudad, como Botafogo, Flamengo, Leblon y Lagoa, mientras que hacia el norte hallarás los estadios de fútbol (seamos sinceros, Maracaná es una parada imprescindible).

Los suspiros que provoca Río, aún después de todos los maravillosos escondites que hacen honor a su sobrenombre, tienen espacio para un aliento de alegría más. El tranvía que se encamina hacia Santa Teresa, uno de los más característicos barrios de la ciudad y colorido por sus casas tradicionales, se puede bajar en Lapa, herencia de la belle epoque en Brasil.

Cuando la luna, así como las caipiriñas, toman el lugar del sol, un curioso ambiente montmartriano adorna este bohemio sitio de Río; sin embargo, la samba conjuga en sus ritmos y voces la típica personalidad carioca que te acompañará, una vez más, hasta el amanecer. Los bares y restaurantes que acampan en Lapa, al son de la música, remembran, junto con la vida de Río de Janeiro, las palabras de Arlindo Cruz: ah, este lugar, la nostalgia me hace recordar los amores que tuve allí, y que es difícil de olvidar.

 

¡Volando con Aeroméxico, enamórate de esta Ciudad Maravillosa!